Cada verano, en sus recorridas por el interior de la Provincia, LA GACETA encuentra problemas que se reiteran con el tiempo, y que ya parecen estructurales, aunque no debieran serlo. Por ejemplo, en las comunas del sur de la provincia, en el departamento Chicligasta, las inundaciones son un problema recurrente en tiempos de lluvias; y hay poblaciones enteras que quedan sumergidas con sus pocas posesiones debajo del agua.

Un caso que se reitera es el de Arcadia. Los habitantes de barrios humildes -asentamientos, en rigor- de esa comuna del sur tucumano ubicada a la vera de la ruta 38, padecen la falta de obras de infraestructura adecuadas en los cauces de un arroyo que recibe el caudal del Gastona y de un canal de desagüe. Hace seis años, en enero de 2007, LA GACETA se hizo eco de la protesta de habitantes del Barrio San Roque, a quienes cada inundación los despojaba de sus pocas pertenencias. En su reclamo, pedían terrenos en zonas menos expuestas. Este año, pobladores del mismo asentamiento volvieron a cortar la ruta, por el mismo tema. En sus testimonios a LA GACETA, aseguraron que no ven mejoras, aunque pasen los años y cambien funcionarios.

Los vecinos de Arcadia aseguran que la comuna no realiza ni los trabajos de dragado del canal que golpea después de cada lluvia a los habitantes de otro barrio, el San José, ni de desmalezamiento del área.

La delegada comunal de Arcadia es Rosa Alderetes de Conte, esposa del legislador Alberto Conte, a quien la provincia multó el año pasado con 90.000 pesos por desmontar y talar árboles en la misma comuna. Ante el requerimiento de nuestro diario, la funcionaria minimizó los reclamos por falta de asistencia y cuestionó los hábitos de los lugareños que, dijo, arrojan basura en el canal. Los habitantes de otro barrio, el San José, también demandan que se les negó el alumbrado público por su condición de asentamiento, ubicado este a la vera de las vías del ferrocarril.

En Gastona, la comuna más chica del departamento Chicligasta, la situación no difiere demasiado. A los vecinos los desvelan la falta de presión en el servicio de agua potable y la ausencia de alumbrado público. En esa comuna, son los propios vecinos quienes acusan a los productores cañeros por el avance de los cañaverales sobre los terrenos fiscales y los caminos públicos.

En el paisaje de las comunas, las únicas innovaciones a la vista son los módulos habitacionales que viene construyendo el gobierno con fondos nacionales. Sin embargo, en los espacios que deberían mantener las comunas, como las plazas o canales, el deterioro y la falta de mantenimiento son moneda corriente.

Ante un escenario como el que ofrece esa zona del interior tucumano, no sorprende la migración de las personas en edad activa en busca de trabajo a otras provincias.

Nos parece que situaciones así son la señal de alerta de que falta articulación entre políticas públicas nacionales, provinciales y comunales: es el motivo por el cual los problemas irresueltos de infraestructura, que deberían ser problemas operativos (tenencia de la tierra, ambigüedad jurisdiccional, alumbrado, agua, malezales, canales obturados) determinan finalmente el destino social y económico de una comunidad a la que finalmente no le queda otra alternativa que emigrar, temporaria o definitivamente, en busca de trabajo.